
SULFITOS EN EL VINO ¿QUÉ SON EXACTAMENTE?
Los sulfitos o dióxido de azufre (SO2) son conservantes muy utilizados en la industria alimentaria y en la elaboración del vino, por sus propiedades antioxidantes y antibacterianas. Estos pueden aparecer de forma natural, como ocurre durante la fermentación del vino, proceso en el que las levaduras producen pequeñas cantidades; o de forma artificial, cuando son añadidos por los enólogos.
La cantidad que se añade al vino se ha reducido a lo largo del último sigo, gracias a las nuevas tecnologías de vinificación. En Fincas de Azabache, como os informamos en nuestro anterior artículo del blog, utilizamos un novedoso sistema en la fermentación con CO2 consiguiendo así minimizar el añadido de sulfitos.
La Ley obliga a que el contenido de sulfitos se indique en la botella y aunque no es necesario especificar la cantidad, esta será inferior a 150 mg/l en los vinos tintos y 200 mg/l en blancos y rosados. Al vino tinto se le añaden menos sulfitos que a los blancos o rosados porque está más tiempo en contacto con sus hollejos y contiene más taninos, que a su vez aportan también propiedades antioxidantes.
La utilización de los sulfitos en el vino ayuda a mejorar la calidad de los vinos potenciando sus cualidades organolépticas, alargando la vida de los vinos, ya que ayudan a su conservación y controlando la oxidación, antes y después, del embotellado.
Por lo tanto los sulfitos no deben considerarse como algo negativo. Ya vemos que los niveles permitidos están regulados por ley y a no ser que se tenga una clara intolerancia a ellos, no deberían producir daños en nuestro organismo.

